Sobre una cama medio tendida está sentada medio echada esta señorita que ha perdido la postura y dos dedos de frente. Haría falta que coma tierra para que la declaren oficialmente loca, por el momento sólo escucha canciones que es mejor calificar de insólitas para no ofender a nadie. Con un pote de crema de chocolate vacío a un costado y la computadora encima de las piernas, lleva más de una hora tonteando en internet. Hoy no se ha bañado, ya empieza a oler mal , seguro se bañará antes de salir más tarde, ayer volvió a las cuatro y hoy no volverá sin haber probado alcohol. La señorita no está perdida ni triste es sólo que hoy no tiene ganas de sacar el plan Abecedario, hoy no tiene ganas de ganarse la lotería y de responder sobre algo serio con el esfuerzo que eso implica.
La señorita ha pedido tiempo fuera, un par de días o solo esta tarde, tiempo para no hacer nada, para postres, para ir al cine y escuchar las mismas canciones una y otra vez porque se le han acabado los cigarrillos y todavía tiene ganas de pegarle a cualquiera que se le cruce en el camino. Ella se rehusa a tomar una decisión seria esta tarde, es demasiada responsabilidad para su ineptitud veinteañera de estos días.
Si su futuro toca la puerta o llama, díganle que no está que intente más tarde, que no se le escucha porque la línea anda mal. Ella va a descansar de su vida, en lo cotidiano de ella, la pobre se rie más cuando le va peor...
Te dejo entonces, antes de pegarte un tiro por favor, rómpele las piernas a todos los futbolistas y a los buenos chicos, cachetea a alguna monja y tírale un vaso de agua en la cara a quien sea que te pregunte qué harás el próximo año.
Thursday, May 21, 2009
Wednesday, May 13, 2009
La niña
La vi hace un par de horas, la encontré en la calle justo antes de entrar a casa, era una niña toda bonita con un vestido lila que llevaba un lazo detrás. Le pregunté porque lloraba y no me contestó. Le compré un chocolate en la tienda de la esquina y me senté con ella en el suelo a conversar, le conté que venía de la biblioteca, que yo venía de un país lejano y que mañana por la mañana tendría que pasar unos exámenes que serían el final de mi viaje. Ella escuchó tranquila ahogando sollozos, calmándose poco a poco hasta que al fin me dijo que ya lo sabía.
Me quedé pasmada, ¡Qué niña más rara!. Le pregunté su nombre y sólo sonrió. Me dije que quizás es una de estas niñas que han visto mucha televisión y se creen videntes, brujas o una especie de humano con poderes especiales. Seguí hablando para calmarla y para que pase el tiempo y así venga alguien a buscarla. Entonces, le pregunté su nombre otra vez y se llamaba como yo, pensé que el destino a veces me juega sucio y a veces como hoy es una linda casualidad. Me dijo: ¿Por qué estás triste? Le mentí y le dije que sólo estaba cansada, seguro no me creyó.
¿No quieres correr ? ¡Acompáñame!
¡Qué niña más rara!, Dale una carrera hasta la esquina, de ida y vuelta. Corrí con todas mi fuerzas y me ganó, me sonrió otra vez y me pidió que la próxima vez que me sintiera mal corriera como si de ello dependiese mi vida. Pensé que todo el asunto ya estaba muy extraño. Le pregunté a qué se refería, me dijo que a la vida, a mi vida, mi energía y las ganas de vivir son muy frágiles, la felicidad salta a la vista y cualquiera puede venir y llevarsélas. ¡Niña! ¿De qué hablas?, Te hablo del hombre que te llama sin que le hayas dado tu número, de tu falta de carácter ¿Acaso quieres que me vaya?...
¿Estás bien?, la pregunta me cayó como agua fría, era mi vecina que me encontró sentada en el piso sola. Pregunté por la niña y nadie la vio.
Carajo... Si me miraban raro cuando fui a comprar una botella de vino...
Me quedé pasmada, ¡Qué niña más rara!. Le pregunté su nombre y sólo sonrió. Me dije que quizás es una de estas niñas que han visto mucha televisión y se creen videntes, brujas o una especie de humano con poderes especiales. Seguí hablando para calmarla y para que pase el tiempo y así venga alguien a buscarla. Entonces, le pregunté su nombre otra vez y se llamaba como yo, pensé que el destino a veces me juega sucio y a veces como hoy es una linda casualidad. Me dijo: ¿Por qué estás triste? Le mentí y le dije que sólo estaba cansada, seguro no me creyó.
¿No quieres correr ? ¡Acompáñame!
¡Qué niña más rara!, Dale una carrera hasta la esquina, de ida y vuelta. Corrí con todas mi fuerzas y me ganó, me sonrió otra vez y me pidió que la próxima vez que me sintiera mal corriera como si de ello dependiese mi vida. Pensé que todo el asunto ya estaba muy extraño. Le pregunté a qué se refería, me dijo que a la vida, a mi vida, mi energía y las ganas de vivir son muy frágiles, la felicidad salta a la vista y cualquiera puede venir y llevarsélas. ¡Niña! ¿De qué hablas?, Te hablo del hombre que te llama sin que le hayas dado tu número, de tu falta de carácter ¿Acaso quieres que me vaya?...
¿Estás bien?, la pregunta me cayó como agua fría, era mi vecina que me encontró sentada en el piso sola. Pregunté por la niña y nadie la vio.
Carajo... Si me miraban raro cuando fui a comprar una botella de vino...
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