Tenemos dos opciones, la primera es la más lógica puesto que en mi es natural. Se trata de salir corriendo, me hago la loca y es como si nunca nos hubiésemos conocido. La segunda opción es que me siente en un café con este señor a decir que lo lamento, que soy muy vanidosa, que es por eso mismo que acepté ir a un café con él y que es muy mayor para mi.
Por primera vez voy a hacer lo segundo, normalmente sólo desaparezco y no es algo que yo decida hacer , es algo más fuerte que yo. Instinto de supervivencia diría yo. Como sea, este hombre me hace sentir incómoda, porque le gusto y a mi él no. Mi error ha sido hacerle creer por pura vanidad que tiene posibilidades, mea culpa: a mi también me gusta tener mi perrito faldero.
Fui a tomar café con él porque me intrigó un poco, no fue sólo mi ego, me parecía un tipo simpático con el cual se puede conversar, pero luego, después de sus mensajes nerviosos y su presencia en mi trabajo, me incomoda. ¿Qué hacer? Pues decidí "tener huevos" y sentarme a decirle que lo lamento mucho, que podemos ser amigos pero que otra cosa no porque está un poco mayorcito para mi y que no, no es por la insistencia ni su tartamudeo frente a una veinteañera.
Si alguien quiere detenerme pues, inténtenlo por favor. Que no es mi estilo y va más allá de mi complejo de avestruz... faltan dos horas.
Tuesday, April 21, 2009
Monday, April 06, 2009
Mocos
Sólo tengo un par de minutos... Hace unas dos semanas empezó a subir la temperatura, nos alejábamos de los tristes cinco grados para alcanzar los diez y hasta los quince. Luego bajó otra vez y después volvió a subir, en pleno sube y baja uno se confunde y se pierde en la ilusión de la primavera, la promesa que nos trae el calendario. Fue así que terminé así, no me di cuenta , todo pasó muy rápido. Sólo sé que un día me levanté y mi voz parecía venir del más allá, al día siguiente me dolía tanto la garganta que llegué a creer que padecía de sonambulismo y que durante esa noche mientras yo me creía en cama estaba en la cocina comiendo vidrios. Un amigo me dio unas pastillas para la gripe, no tuvieron efecto, el tercer día ya estaba en cama con fiebre y así pasé dos días enteros. Estando encerrada en mis cuatro paredes me puse a mirar fotos y encontré una donde tengo 2 años y estoy echada en la arena tomando sol sonriendo a la cámara, de pronto quedé espantada, traía mocos encima del labio colgando alegremente de la nariz. ¿Cómo diablos no lo vi antes?¿Quién los puso ahí o siempre estuvieron ahí?
Me resigné y hasta aquí todo va bien, todo normal, llevaba los mocos con altura, llevaba mis bolsas de Kleenex a todas partes y una nariz roja como Rodolfo el Reno. No será muy elegante sonarse la nariz en público pero cuando uno está enfermo se traga la distinción y con la cabeza gacha se escupe la flema que te acorrala con un ataque de tos. Lo tenía controlado, me abrigué , tomé todos los remedios caseros, tomé más medicina y aquí me tienen casi sin tos, sin la cabeza pesada ni los ojos vidriosos. He escapado de esta enfermedad, he escapado de la fiebre, de la tos, del dolor de cabeza, de todos los síntomas excepto de los malditos mocos que me persiguen, me acorralan, no me dejan respirar, no me dejan hablar y lo peor no dejan a mi orgullo en paz. ¿Cómo mirar a la cara a mi profesora cuando se me caen los mocos en mitad de clase y ya no tengo pañuelos? No importa si saco un paquete entero, siempre se acaban , nunca es suficiente. Cuando la gente me saluda tengo que salir corriendo agachando la cabeza porque justo en ese momento me atacan los mocos y lo peor fue hoy cuando el chico que me gusta se acerca a despedirse e intento desesperadamente aspirar aire por la nariz para que no se me caigan los malditos mocos, no tuve más remedio que salir corriendo.
Los odio porque se me caen a cada rato, porque parece que tengo una fábrica de chinos produciendo moco en mi nariz, porque la pobre está más roja y más redonda y porque no me dejan llevar la frente en alto, malditos sean, ya están aquí otra vez.
Me resigné y hasta aquí todo va bien, todo normal, llevaba los mocos con altura, llevaba mis bolsas de Kleenex a todas partes y una nariz roja como Rodolfo el Reno. No será muy elegante sonarse la nariz en público pero cuando uno está enfermo se traga la distinción y con la cabeza gacha se escupe la flema que te acorrala con un ataque de tos. Lo tenía controlado, me abrigué , tomé todos los remedios caseros, tomé más medicina y aquí me tienen casi sin tos, sin la cabeza pesada ni los ojos vidriosos. He escapado de esta enfermedad, he escapado de la fiebre, de la tos, del dolor de cabeza, de todos los síntomas excepto de los malditos mocos que me persiguen, me acorralan, no me dejan respirar, no me dejan hablar y lo peor no dejan a mi orgullo en paz. ¿Cómo mirar a la cara a mi profesora cuando se me caen los mocos en mitad de clase y ya no tengo pañuelos? No importa si saco un paquete entero, siempre se acaban , nunca es suficiente. Cuando la gente me saluda tengo que salir corriendo agachando la cabeza porque justo en ese momento me atacan los mocos y lo peor fue hoy cuando el chico que me gusta se acerca a despedirse e intento desesperadamente aspirar aire por la nariz para que no se me caigan los malditos mocos, no tuve más remedio que salir corriendo.
Los odio porque se me caen a cada rato, porque parece que tengo una fábrica de chinos produciendo moco en mi nariz, porque la pobre está más roja y más redonda y porque no me dejan llevar la frente en alto, malditos sean, ya están aquí otra vez.
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